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“Bien pueda”… Manizales sí impresiona…

Actualizado: 25 sept 2018


Atardecer Manizales
Atardecer Manizales

Mi primera impresión está impregnada del “Bien pueda”, modismo sonoro, cálido y formal y el imperativo “¡¡¡Hágale pues!!!”, únicos en el lenguaje de Colombia… Es un sello distintivo de aquí. Como todo vocablo de cada región se pega y el inconsciente del lenguaje lo incorpora al repertorio. Ya los tengo en el mío.


Hay momentos en Manizales que pareciera no estremecen, pero, es mentira porque me van dando razones para inquietarme… Vengo de una formación y lenguaje directo y sin rodeos. Siento que a veces previene. En esta región hay un juego de la palabra, de allí la trova, que “enreda un duende en un guadual” y crea un imaginario de “ambigüedad” con una lentitud en las decisiones personales y laborales que dilata el tiempo y el andar. Es parte de la identidad regional que guarda en sus entrañas unos ancestros de hispanidad con fuerte arraigo confesional que: “teme, de modo ancestral, hallar huellas incómodas, o porque eso la implica en plantear polémicas agudas y sutiles, consideradas intangibles, y hacer salvedades presuntamente inútiles. Porque se quiere quedar tan bien con todo el mundo, y ser tan ultradiplomático –y tan políticamente correcto– que nadie pueda sentirse tocado u ofendido. Porque, en fin, la materia es delicada, y nadie sabe apenas qué hacer con ella.” (Serrano, 2017)


Tiempo y espacio, dos claves del ser. Aquí las montañas con sus imponentes picos y cañones de refulgurantes verdes, con su nevado de blancos en distancia, hacen sentir que no somos nada ante la majestuosidad de esta naturaleza, es como si el tiempo se detiene y el espacio pendiente nos hace ver frágiles cambiando las miradas y también el sentir. Influyen también las variedades de su clima que cambia en segundos… Sol radiante y al instante niebla que con su gris me hace sentir que estoy en el agreste invierno europeo y al ratito estoy en el mar. No sé si quitarme el saco y dejarme en camisilla cuando pasan las manizaleñas sin sacos, con cartera grande, tacones altos, cual reinas en desfile, celular en mano y ni se inmutan con el frío del nevado que se vuelve calor. Parece mentira, pero el sabor caribe toca arrebato en la calle y los bares donde se encuentran los manizaleños con sabor a mar en sus entrañas.



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