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Los niños cuentan sus historias.



La PRIMERA CONVOCATORIA DE CUENTO INFANTIL realizada por la Corporación Piedramaní en el marco de la 4a Cátedra de Historia Regional de Manizales y Caldas Alipio Jaramillo Giraldo, Cultura y Territorio, brindó la oportunidad de leer historias maravillosas relacionadas con los mitos y leyendas de la región. Con derroche de imaginación de los diecisiete niños que respondieron a ella, gracias al apoyo de los profesores y directivas de los colegios que participaron, ubicados en Anserma, Aranzazu, la Dorada, Pácora, Pensilvania y Manizales y que en un alto porcentaje se encuentran en el sector rural .


La invitación se realizó a los estudiantes que en el 2019 cursaban grados de cuarto primaria a séptimo bachillerato de colegios y escuelas en general pertenecientes al Departamento de Caldas. Al finalizar del proceso se entregó el Yarumo de oro y dos de Plata a los tres primeros puestos (empate en el segundo premio), pero en realidad todos los niños fueron ganadores y en especial los adultos que tuvimos la oportunidad de leer sus escritos y compartir con ellos la experiencia enriquecedora durante su visita a la ciudad. A partir de hoy y en los siguientes días estaremos publicando en este espacio las líneas escritas por ellos, Aclaramos que el orden de publicación no obedece a criterio alguno.



EL MUNDO DE FANTASÍA.



CUENTO ESCRITO POR ALISSON JOHANA SERRANO RONCANCIO

GRADO 5º, INSTITUCION EDUCATIVA PURNIO, MUNICIPIO DE LA DORADA

CUENTO DE AUTORÍA PROPIA




Había una vez, una perrita llamada Pimienta. La canita vivía en un mundo de chocolate. Usaba collares, cadenas y pulseras en sus patas, y eran de puro dulce. En su casita tenía un comedor hecho de galleta, donde comía con sus cachorritos, y cada que podía, iba al bosque, naturalmente de dulce, con ellos.

Sin embargo, su dueña, era una vieja muy amargada. No le gustaba que se fuera al bosque por tantos peligros. La perrita, de ladrido en ladrido la convencía hasta que por fin la dejara irse. Nunca quedaba contenta la vieja, pero siempre cedía al final.

Un día resolvió irse, a revolotear y jugar como siempre en aquel dulzón lugar. Pero de repente, se vio acosada por un lobo hambriento que quería devorarse a sus cachorritos, porque entre más comiera animales pequeños, más dulce sería su piel, ya que era de chocolate. De los más finos y suculentos. Nadie conocía piel más deliciosa.

Pero Pimienta, que era muy astuta, se dio cuenta de las intenciones de su primo mayor entre los canes, y se puso a jugar con él.

Como nadie se atrevió a acercarsele tanto antes, el lobo perdonó a Pimienta, y le dijo que mejor se marchara, porque la noche apareció de repente en medio del juego que va y viene, de un lado para otro, y las luciérnagas ya pronto se extinguirían, ya que su brillo era bastante, pero duraba poco.

En medio de aquel juego, los cachorritos ni cuenta se dieron que serían devorados. Total, el lobo se puso a la orden de Pimienta. Su piel de chocolate era tan espesa, que a lo lejos cualquier luciérnaga la alumbraba y multiplicaba la luz. Por eso, el lobo accedió a acompañar la perrita y sus vastaguitos a su casa. Parecía un lobo de muchos colores porque las luciérnagas quedaban pegadas a él por tanto dulce, y sus lucecitas eran azules, amarillas, verdes y anaranjadas. Parecido a un lobo arcoíris.

Llegaron a la casa, pero no había nadie. No estaba la vieja gruñona. Pimienta se extrañó y se alegró a la vez, porque la señora nunca salía. Pero bueno, no estaría regañándola a toda hora.

Como la casa era de galleta, el lobo aprovechó y se revolcó junto a las paredes para untarlas de su chocolate. Casi se muere de tanto tragar cacao porque es malo para los de su especie, pero se aguantó porque en todo el día no había comido.

Todos contentos, porque comieron galletas con chocolate, jugaron, corrieron, y se cansaron del paseo. Igual, a eso habían ido Pimienta y su familia.

Lobo y perra se anidaron en sendas canastas de mazapán, para dormir. Se hicieron buenos amigos. Estaban muy cansados, y al otro día, sin dueña, Pimienta decidiría qué hacer…

Pero la calma de la noche fue rota por una bruja que estaba hecha de bombones de frutas, y su escoba era un largo bombón trenzado al final por gusanitos de dulce, que a lo mejor servían para barrer. El lobo, poderoso y grande, preguntó a la bruja con su vozarrón:

- ¿qué pasa aquí, quién eres tú?

La bruja le respondió tranquila:

- ¿no sabes quien soy yo? Soy la bruja Bombona, y esta casa me gusta más que la mía. Me gustan sus paredes de galletas. La quiero para mí. Lo único malo es que es más pequeña. Entonces mejor me la como.

El lobo, bravo como él solo, le replicó: - ¡cómete mejor tu escoba ¡

Raro en una bruja, ella se echó a llorar. No dijo nada y se fue para el bosque. Voló en su bombón-escoba y prometió regresar.

Supieron después que la vieja dueña de Pimienta había echado a escobazos a la bruja, que antes la había visitado, para pedirle algo de galletas de sus paredes, pero no hubo forma y ella volvió cuando estuviera la casa sola. Eso fue lo que les contó el árbol del jardín, un manzanero inmenso de grande. Él producía manzanas con sabor a bombón. Les dijo que seguramente la bruja iba a hacer una cena con alguien y como no tenía galletas había venido a la casa de Pimienta, pero se devolvió sin nada.

Entre bombones y más dulces, pensaron qué hacer. Seguramente la bruja no era tan malvada.

La noche pasó sin mayores sobresaltos, a fin de cuentas, no querían otra noche así aquellos animales.

Al día siguiente, el lobo chocolatoso despertó primero. Acto seguido, la perra hizo lo mismo. Se levantaron y Pimienta ofreció un desayuno lleno de huevos hechos de la misma piel del lobo: chocolate. El lobo comió como pudo pero esta vez no se retorció con el cacao. Aguantó. Para el postre, la perra mandó llamar una amiga suya, la avispa, que le llevaba de vez en cuando miel de colmenas, llenas por sus primas las abejas. Sería la única avispa querida por las abejas en todo el bosque, porque tienen fama de ladronas y ponzoñosas. Cuando volvió la avispa llena de miel, se la esparcieron a los últimos huevos. Comieron y se fueron a bañar en jugo de mora perra y lobo. La avispa, como no tenía nada que hacer, pidió posada a Pimienta, y ella, como es buena, le invitó a quedarse. El lobo hizo la misma petición y resolvieron almorzar. Las viandas consistirían en panqueques de queso envueltos en hojas de chocolate.

Pero no había panqueques en casa: sus cachorros se los devoraron en cierta ocasión. Repitieron el mismo menú del desayuno.

La dueña de casa no había llegado, pero de repente se escuchó a alguien tocando la puerta. Era ella, la vieja gruñona, que había salido a buscar a Pimienta y su prole. Le preguntó a la perra, toda enojada:

- ¿dónde diablos te habías metido? ¿y por qué mi casa está llena de chocolate por todas partes? ¿y ese lobo, de dónde salió?

La perra naturalmente, ladró a su dueña. La señora sin embargo, pensó:

- “ese lobo se ve como bueno, me encanta el chocolate que tiene en su piel. Y yo como tonta buscando chocolate debajo de las piedras…”

La señora dijo:

-la bruja que me visitó seguramente tiene meros bombones…y yo ando sola, con la misma perra y sus cachorros…y ahora este lobo…mejor hago las paces con la bruja y a lo mejor ni vuelve por aquí.

Pimienta, que era muy inteligente, le ladró a su dueña como indicándole algo. Era señalando al lobo, relleno de chocolate. La señora atinó al instante:

- ¡Claro! Si me llevo a todos estos animales a su casa, seguramente se que queda con el lobo, y por ahí derecho me la quito de encima. Le haré una fiesta en su honor con todos ellos.

La señora y sus animales salieron de la casa, rumbo al bosque. Cogieron todo lo que pudieron: bombones de árboles, agua de mora, vainas de chocolate…y nada más llegar a la casa de la bruja, ella estaba sentada en su escoba llorando. Pimienta se asomó por la ventana, y vio que las hormigas se devoraban su casa a pedazos, porque era la más dulce de todas. El lobo dio un rugido feroz y con un pisotón ahuyentó las pendencieras de seis patas. La bruja, presa del susto, quedó tiesa como su escoba, y la señora se le arrimó y le dijo:

-vengo en son de paz. No se coma mi casa. Si quiere, nos quedaremos a vivir todos juntos en la suya, o usted se viene para la mía. Hagamos una fiesta para celebrar.

La bruja no entendía nada. Pero al final sentenció:

-señora, yo tenía hambre. Y usted y sus animales me trataron mal, pero por mi culpa nadie me quiere. Si no le ofende, deme por favor un pedazo de la piel de ese lobo. Se ve deliciosa. Con eso paso el resto de mes.

La señora finalmente dijo:

-descuide, no le temo. Pensé que usted iba a mi casa a robar, pero solo quería robarnos tiempo, parece que nadie la visita. Desde hoy seremos amigos.

Sonriendo todos, de las nubes caían pedazos de chocolate, ya que el lobo se sacudió con tal fuerza que revoleó cacao por todas partes. Comenzó la fiesta y la bruja en su escoba armada con una canasta, recogió cuanto pudo. Hicieron la cena y Pimienta, agradeció a las fuerzas dulces del bosque que por fin su dueña no la regañaría más. Sus cachorros bailaban de la emoción, y comieron y gozaron hasta el amanecer.




Piedramaní, febrero 2020

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