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DEL CAIMAN, DE LAS PUERTAS ABIERTAS Y D ELOS MEJORESATARDECERES


Cuento escrito por:


ISABELLA VALENCIA VALLEJO

Manizales


La historia que les voy a contar, trata de un caimán con un gran secreto. Vivía en

la parte centro occidente de Colombia, sobre la cordillera los Andes. El caimán

vivía en un bosque con muchos barranqueros azules, amarillos y verdes, con colas largas, picos pequeños y ojos rojos. Vivía dentro de los árboles de la libertad, arboles de distintas tonalidades de verde, sus ramas eran como copitos de nieve, pero verdes, se llamaban Arrayanes. El bosque, también tenía una flor muy particular de color rojo, violeta, negro, blanco y con un pico que se parecía al pico de un pájaro, eran los Anturios. El bosque, el Caimán y los animalitos tenían

unos vecinos, hijos de la cordillera. Tenían faldas o taparrabos de muchos colores amarillo, rosado, verde, azul, colores muy vivos.

Tenían accesorios como collares delgados, coronas de flores tejidas por ellos y en las manos, en las piernas y en el estómago tenían figuras geométricas de color negro, triángulos y líneas. Y aretes y pulseras largas. Estos vecinos vivían en pequeñas chozas hechas de paja, con un techo puntiagudo, como hacía mucho frio la paja les daba calor. Comían frutos, de los animales que cazaban comían carne y hacían fiestas que duraban toda la noche, les cantaban a sus dioses. La

Pachamama era lo más importante para ellos.

En un día muy soleado, el Caimán nadando en la quebrada se encontró a un pececito pequeño y le dijo:

— ¡Oye Caimán! ¿Te gustaría nadar conmigo un rato? Me encuentro solito. El Caimán le respondió que sí. Y nadando los dos, se contaron muchas historias. El pececito se sorprendía cada vez más porque el Caimán andaba solito, sin sus amigos ni del rio ni del bosque. No entendía como un Caimán tan buen amigo no tenía amigos.

Pasaron los días en donde a las 4:00 pm se encontraban cerca de la orilla de la quebrada para charlar y jugar un rato. Cada día hacían cosas diferentes jugaban con otros peces al camuflaje, el que mejor se camuflará ganaba. Otro, entrenaban natación, el que más rápido nadará ganaba. Pero el juego favorito de los dos era aleteo. Era un juego en donde el Caimán con su pata y el pececito con su aleta jugaban a no dejarse tocar. El atardecer era lo mejor de todo el día porque

disfrutaban jugar y ver los bellos colores del atardecer y las montañas. Los dos amigos habían quedado un día de verse a las 2:00 pm, pues el pececito quería llevar a su amigo a su casa para que su familia lo conociera. El Caimán tenía mucho susto, pero decidió ir. Se encontraron en calle Bagre Rayado número Sierra cerca del vecindario de los Abramites Eques que miden 15 cm de longitud.

El pececito estaba muy triste porque el Caimán se había demorado 1 hora en llegar.

Nadaron corriente arriba por unos 50 minutos y mientras nadaban el Caimán más se preocupaba. El pececito noto al Caimán preocupado, pero no entendía por qué. Llegaron a su casa donde estaba su mamá, su papá y su hermana.

Almorzando la madre del pececito no dejaba de mirar al Caimán por su apariencia. Ella le hizo muchas preguntas como ¿De dónde eres?, ¿Dónde vives?, ¿Quién es tu familia? El Caimán evadía las preguntas que le hacia la mamá de su amigo. Hasta que el pececito le dijo a su madre:

— Mamá deja de preguntarle cosas y comamos tranquilos glu,glu,glu.

La mamá siguió con su deliciosa comida, pero sin dejar de ver al pobre Caimán. El papá les había contado que en la clase de historia que daba en la Universidad del Cóndor, un estudiante había preguntado cómo se había formado Manizales, pero él no sabía. Le preguntó al Caimán y salió nadando como nunca lo había hecho.

Esa noche la mamá del pececito se puso muy pensativa, pensaba en la pregunta de su esposo y en el Caimán. Recordaba de él los ojos verdes que tenían el color del Arrayan, los colmillos blancos puntiagudos como los nevados que estaban cerca del bosque, los parpados que tenían una forma de montañosa como el Cerro Sancancio y Cerro Bravo, las escamas que se veían en ellas la cordillera y su cola que tenía la forma del curso de la Quebrada.

La mamá le había dicho al esposo que el amigo de su hijo se parecía a alguien pero que no recordaba quién era. El esposo tuvo la misma duda, pero ambos no sabían la respuesta. Le preguntaron a su hijo, él muy pensativo dijo que tenía misma sensación.

Al día siguiente, en la misma orilla y a la misma hora, el pececito se quedó esperando a su amigo para contarle lo que había pasado la noche anterior en su casa. Pero no llegó nunca. Esto pasó por una semana, dos, tres y cuatro semanas. Y el pececito muy triste, pensaba en su amigo y por qué no había vuelto a verlo. Mientras que la mamá tenía aun la sensación de que al Caimán en algún lado lo había conocido.

Un día llego una carta a la casa del pececito, la mamá la había recibido pues su hijo estaba en el colegio. Estaba envuelta en un sobre de color blanco, verde y rojo. Y estaba pegado con la pluma de un Cóndor. Cuando llegó el pececito se fue nadando a la aleta de la luz para su cuarto. Tenía el presentimiento de que era su amigo el que le había escrito. La carta decía:

“Querido Amigo, han sido días muy largos sin ti. Hemos jugado muchísimo tiempo y deseo verte pronto. Me he ido espantado de tu casa hace un mes. Tu familia me cayó muy bien, fueron muy buenos conmigo, aunque tu mamá no dejaba de mirarme, es buena contigo, siempre tiene la razón. Espero que disfrutes de las bellas montañas que nos rodean, de la Quebrada en que solíamos jugar, del nevado que cada mañana se pone muy bonito, del barranquero que te saluda

todas las mañanas y de las flores, todo esto lo hice para ti. Te llevo conmigo siempre. Atentamente: Tu amigo, Manizales”

El pececito se puso pálido, se había dado cuenta de que gracias a su amigo el Caimán, se había formado la ciudad de Manizales. Se había puesto triste porque no lo volvería a ver, pero el pececito estaba seguro de que, su secreto estaba a salvo con él, así que disfrutaría de la bella ciudad que le regalo su buen amigo, el Caimán.

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Corporación PiedraManí

Manizales, Colombia

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