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HISTORIAS DE MI PUEBLO




Las mil y una noches contada por los abuelos (as)


Manzanares se estaba convirtiendo en un agradable lugar para vivir, las típicas casas de arquitectura paisa eran adornadas desde la entrada con variadas matas de jardín, helechos que colgaban desde los balcones a la vista de todos, amplias ventanas adornadas con hermosas cortinas tejidas por las abuelas; en el interior de las casas las camas se encontraban tendidas con colchas de retazos o bordadas, no podía faltar entre las familias, al pie de la cama, encima de la cabecera un santo cristo o crucifijo el cual motivaba todos los días a mañana y tarde el Santo Rosario que era acompañado por las letanía que encoraban las abuelas.


Llegada la tarde, en medio de las calles empedradas avanzaban hombres y mujeres convertidos en bultos de sombras que se dirigían a sus casas fatigados por el día, ya en la noche luego de comer, rezar y con la luz suministrada por una vela, mechón de petróleo o caperuza, los niños cansados suspendían sus juegos, todos los rincones de las casas se poblaban de sombras y espectros como si despertaran con el caer de la tarde los duendes dormidos. Y en la voz de alguien que todas las noches al pie de la tenue luz motivaba la conversación se le escuchaba decir “Erase una vez...” y sin forzar la memoria el hábil narrador empezaba a evocar una y otra historia que le habían contado, que había vivido o que fue imaginada pero que motivaba entre los oyentes expresiones de aprobación; muchas veces estas historias serían interrumpidas por la risa o carcajada de todos, que llenaba todos los espacios de la casa, mientras quien narraba, quedaba en silencio por un momento para recobrar el dominio de su historia, la cual continuaría en la noche siguiente con otra y una más (…), como si se tratara de las mil y una noche contadas al pie del fogón.


Todas las tardes o en medio de la noche las familias solían reunirse para colaborar en diferentes actividades que iban desde desgranar el maíz, el frijol, hacer canastos hasta trabajos de costura o carpintería. Estos encuentros motivaban a los más ancianos o mayores de la comarca para contar una y otra vez las historias que se hallaban agolpadas en sus mentes como místicos recuerdos de grata evocación lo que permitía entonces revivir en la memoria y la imaginación de todos, los cuentos de la “Patasola”, “La Llorona”, “La Madre Monte”, “Cuentos de Brujas”, “Duendes”, “Tesoros y Guacas Encantadas” de las cuales propios y extraños habían escuchado hablar y a uno que otro habían hecho correr.


Cada cuento o historia narrada convierte a Manzanares en un mágico lugar como si se tratase de un fantástico cuento de hadas, lleno de paisajes, bosques encantados donde las apariciones extraordinarias de algún duendecillo motivaba en los niños (as) la imaginación, mientras que en otros generaban horror y pánico al pensar en todos los espantos ocultos en la profundidad de la noche que podrían salir a asechar cuando todos agobiados por el cansancio en sus ojos pesados de sueño cayeran profundos en sus propios recuerdos; muchos de estos cuentos nacieron en medio de la oscuridad y la noche, otros llegaron en la voz de quienes pasaron por esta tierra pero no se detuvieron porque tenían alma de aventureros(…) Es por ello que quien al llegar a Manzanares se dejaba seducir por su magia, difícilmente la dejaría, corriendo el peligro de convertirse en uno más de sus fantasmas que la han de recorrer, mucho tiempo después que su magia lo lleve a amarla por completo(…)


Para el año de 1879 Manzanares fue erigido a la categoría de municipio por ordenanza de aquel entonces Julián Trujillo, años más tarde en 1907, pasaría a ser municipio anexo al departamento de Caldas. Estos dos eventos daban la impresión y capacidad de crecimiento que había tenido la región con el paso de los años. Poco a poco la base principal de la economía de la región llegaría a ser la ganadería, la producción de café, de caña panelera y plátano, distribuyendo sus 244 km2 de tierra en tres corregimientos: Las Margaritas, Los planes y Aguabonita, en los cuales están representadas 50 Instituciones educativas incluyendo primaria y secundaria, 6 en la zona urbana y 44 en la zona rural, y toda las familias campesinas cuyo trabajo aporta día a día en el crecimiento de la región.


Es así como después de la llegada de los primeros fundadores y pasadas las vicisitudes de la independencia que debieron llegar hasta este lejano rincón de la patria, Manzanares no ha dejado de avanzar un solo instante hacia su anhelado desarrollo y progreso. Hoy han pasado 154 años de historia, de anécdotas y personajes que han engrandecido el terruño durante todo este tiempo, cargado de horas felices y momentos de pasajero sufrimiento.


Pero fue de esta manera como Manzanares pudo convertirse en un las principales rutas de acceso al oriente de Caldas lo que lo ha llevado a modernizar sus construcciones y vías de comunicación dejando atrás las calles empedradas y las casas de tipo colonial o prehispánica construidas en bahareque y tejas de barro cocido de las cuales hoy solo quedan unas cuantas que amenazan con venirse abajo.


Del Manzanares de ayer quedan muchos recuerdos, algunos consignados en libros, otros en el relato de los más ancianos que luchan con los problemas de la mala memoria y el olvido. Manzanares, tiene hoy una gran cantidad de niños, niñas y jóvenes con fuertes anhelos e ilusiones que desde ya son impulsados por los vientos de paz que llegan a esta tierra, presagio que anuncia la llegada de tiempos mejores y páginas que hasta ahora no escribo.


GEIMAR ALONSO VALENCIA BETANCURT

Docente Municipio de Pensilvania Caldas.

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