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La de Manizales.



En el censo poblacional de 1938, Caldas con 769.968 habitantes era el tercer departamento más poblado de Colombia, después de Cundinamarca y Antioquia. Ya para 1973 se calculaba que Colombia contaba con unos 24.600.000 habitantes, de los cuales 231.066 correspondían a la ciudad de Manizales. En este contexto demográfico y cuando la tasa de escolaridad universitaria estaba entre un 3,5 y un 4,0%, es que surgió el 24 de julio de 1972, la Cooperativa para el Fomento de la Educación Superior COOFES, con 200 estudiantes que en salones del Instituto Tecnológico, pretendían estudiar en “la nocturna” Contaduría, Derecho, Economía o Sicología. En 1983, esta institución pasó a ser Fundación (Fundema), llegando finalmente y a partir de 1992 a convertirse en la Universidad de Manizales. Y es que hablar de educación en un país “guerrerista” y con serios problemas de convivencia, no deja de ser un verdadero gusto.


Después de la Universidad de Caldas (1943), de la Nacional (1948) y de la Católica (1954), la de Manizales, vino a brindar la posibilidad de estudiar en la noche, opción que solo el programa de Administración de Empresas de la “nacho” tenía y conserva hasta la fecha. Trabajar para estudiar era la consigna. En días pasados tuve la oportunidad de visitar y felicitar al rector Guillermo Orlando Sierra y conocer por primera vez la famosa “torre emblemática”, 17 pisos que se convierten en un monumento a la grandeza de la educación, a la perseverancia de sus directivos y en la recompensa de sus estamentos. Estas inversiones se suman a las propias realizadas en el centro cultural Salmona de la Caldas, al campus La Nubia de la Nacional, al auditorio de la Autónoma, al ascenso de la Luis Amigó de Fundación a Universidad y al fortalecimiento de la Antonio Nariño y del propio Sena. Y es que a pasos gigantes Manizales va mostrando que aquí no le jalamos a la guerra; que abrimos más universidades que batallones; que le apostamos al pensamiento crítico y a la deliberancia como fundamento de la democracia. Hablando con el rector Guillermo Orlando, le preguntaba de quién era la Universidad y me dijo “de los manizaleños” y le dije ¿cómo así? Luego entendí, que así como las universidades públicas pertenecen al Estado y las privadas a fundaciones y comunidades religiosas, la de Manizales, ni al uno ni al otro. Son los estamentos de estudiantes, profesores y egresados quienes representan los intereses de la sociedad en dicha universidad. Y en ese sentido, la Universidad de Manizales hace honor a su nombre, lo que implica que efectivamente es un patrimonio de los manizaleños. Ojalá dentro de poco tiempo podamos ofrecer tures universitarios a visitantes y familiares de los estudiantes, donde se conozca lo que se investiga y lo que el sistema universitario de Manizales ofrece a la región y al país. Aunque se avanza, los retos son grandes: continuar aumentando cobertura con calidad; fomentar y garantizar el ingreso a sectores socio-económicos vulnerables; establecer redes de acceso con colegios públicos urbanos y rurales; fortalecer los sistemas de información universitario local; estimular la investigación ambiental y territorial para una región de parques naturales, páramos y laderas; ampliar los estímulos tarifarios en materia de movilidad, ocio y servicios. La Fundación Lúker sabe más de esto que yo, y por eso voy a proponerles una segunda feria de Manizales, no en enero cuando los universitarios no están, sino cuando todos estemos, con reinas, carritos de madera, exposiciones, conciertos, colonias y mucho Paisaje Cultural Cafetero. Ojalá los goditos no se me alboroten. Así que a gozar la Feria Universitaria de Manizales…y ole¡


Fecha de publicación: Viernes, Julio 20, 2018. Diario la Patria


Autor: Francisco Javier González Sánchez. Abogado. Profesor Universidad de Caldas. Coordinador General Cátedra de Historia Regional de Manizales Y caldas

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