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LAS MANOS DE MUJERES CAMPESINAS…

Marta Gómez, cantautora Colombiana, con su canción manos de mujeres, hace un homenaje a las miles de ellas que viven en el campo y que día a día, desde antes que asome el sol, inician su jornada.

En cualquier parte del mundo las manos campesinas se esfuerzan y se levantan al alba, pero hoy me quiero detener en una montañosa vereda que lleva por nombre La Quebradona, municipio de Abejorral (primero en la lista de municipios de Colombia), ubicado en el departamento de Antioquia.


Foto: Norbey Hurtado P.

Allí vive Leydi Yuliana…con sus veintidós años y grado de bachiller de la Normal de Abejorral, es también la orgullosa mamá de Guadalupe, su bebé de cuatro meses. La rutina de Leidy, inicia a las 5:00 a.m cuando se levanta e inicia el ordeño de tres vacas, de las que recibe un promedio de 25 litros de leche diarios, de esa cantidad 21 litros son empacados en una caneca para ser llevados por ella misma escalando la montaña cerca de 20 minutos, ya en la cumbre, la chiva recoge su contenido para ser vendida más adelante, luego Leidy regresa a su casa, la organiza y se va al campo a realizar labores en cultivos de papa, frijol y tomate. Dado que las distancias son largas y requiere ser productiva, lleva su almuerzo y está de regreso a las 5:00 p.m, para ordeñar nuevamente y volver a llevar la leche, esta vez son 20 litros, luego de recoger los huevos que ponen las gallinas no tan cerca de la

casa, hace los «mandaos» o diligencias que se requieran y así se va su rutina hasta las 8:30 pm, pues finalmente, puede pensar en acostarse y buscar reparar fuerzas para continuar con las labores de un día muy similar a los anteriores.


Cuando se le pregunta a cerca de sus sueños, Leidy, no tiene una respuesta inmediata y se detiene a pensar, es una sonrisa tímida la que habla por ella; en cambio, lo que si tiene absolutamente claro es lo que sueña para Guadalupe… «Que estudie, que salga adelante, que proyecte un futuro, que no se estanque, que haga algo productivo para la vida y que lo haga diferente»…


Aunque esta historia no es la primera, ni será la última, como dicen las abuelas, si hace que me detenga a pensar en lo valioso de la labor de Leydi, y con ella la de todas las mujeres que en el campo se esfuerzan por salir adelante con sus hijos y s